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¿Cómo nace una pieza?

Estoy preparando lo que será mi segunda colección, una colección bastante diferente a lo que había planeado hace un par de meses, ha evolucionado y se está adaptando a la situación que nos está tocando vivir. 
Me habéis preguntado en muchas ocasiones como surgen mis piezas, de dónde nacen y cuál es mi proceso creativo. Supongo que como todo creativo, no sigo unas pautas rígidas, aunque si tengo mi sistema. Siempre llevo un lápiz y papel conmigo, nunca sé donde voy a tener una idea  o dónde voy a ver algo que me pueda inspirar para la siguiente joya. 
Observo mucho mi entorno, el mar me fascina y diría que es mi mayor fuente de inspiración pero no la única: la naturaleza, las personas, los edificios… al final es una unión de todo. De allí se podría decir que nacen mis piezas, de algo que he visto o he vivido y quiero reconstruir en una joya. 
Desde el principio he tenido claro que no me vale una pieza porque sí, quiero contar historias, mis historias, y plasmar mi visión de este mundo tan bonito y tan loco a la vez.
Una vez que sé lo que quiero contar empiezo a dibujar, a veces tengo una idea muy clara de cómo quiero que sea, otras veces dibujo sin pensar. Independientemente de cuál de los dos caminos siga, cuando termino, guardo los bocetos unas horas o hasta el día siguiente y los vuelvo a mirar con “nuevos ojos”. Ahí empieza la primera criba… selecciono mi favorito y empiezo a diseñar el prototipo. A veces modelo con cera otras hago la pieza en latón. El diseño suele evolucionar en este punto, hay piezas que cambian completamente y otras son fieles a los bocetos iniciales. La sensación que tengo es que mis manos y mi mente se desconectan, y empiezan a divertirse modelando. Quizás la imagen que más se asemeje es la de un niño jugando con plastelina. 
Una vez contenta con la pieza y con lo que quiero transmitir empiezo a experimentar con los posibles acabados: ¿cómo puedo ensalzar el mensaje, cómo le doy ese toque para contar mejor la historia…? Tras esos últimos toques, me pruebo la joya, y me planteo: ¿cómo queda, es cómoda de llevar, luce, funciona como joya, me gusta?
Si alguna de las respuestas es un no entonces hay 3 opciones. Uno: sigo evolucionando la pieza porque le veo potencial. Dos: pasa a formar parte de mi cajita de pruebas, con piezas que aún no termino de ver, pero no quiero descartar, y las cuales retomaré en unos meses para seguir trabajándolas. Y tres: la descarto y vuelvo a empezar con otra pieza.
Si, en cambio, respondo a todas estas preguntas con un sí entonces empiezo la producción en plata o en oro : -)
Al final es como un juego; a veces me frustra, por que no logro trasladar la idea que tengo en mi cabeza a una pieza, pero la gran mayoría de las veces es un juego que me divierte y me siento muy afortunada por poder jugarlo.